
El estado de Maine, según leo tiene menos de millón y medio de habitantes. Cuando uno lee esto uno podría pensar que no es poco. Y sí, no lo es. Pero cuando uno sale a la calle por estos lares, uno se pregunta realmente ¿dónde está ese casi millón y medio de gentes? Maine es el estado más al norte de Estados Unidos. Sus ciudades se podrían resumir en una Portland (con 64 mil habitantes aproximadamente), y los demás son pueblos pequeños, algunos realmente pequeños, donde la población parece no existir. Rodeada de muchísima vegetación, de bosques y montañas, es un lugar ideal para veranear o para hacer deporte aventura. Y sin embargo, la mayoría del tiempo, Maine parece ser un estado fantasma.

Hace 63 años, imagino, Maine no debe haber sido mucho más distinto. Al menos no para el joven Stephen King. Nacido en Portland, King ha pasado mucho de su vida en este estado, en sus pequeños pueblos como Lewiston, Durham y Bangor donde tiene una de sus casas (la otra es en Florida donde estoy seguro que se va cuando el frío invernal arremece por estas zonas). Para un joven King, su pueblo, su estado sus habitantes, fueron la inspiración para muchas de sus historias. No es de extrañar que su comparsa, H. P. Lovecraft, escribiera sobre dioses monstruosos que habitan este mundo desde la zona sur de New England, a unas 3 horas al sur de Portland, en Providence. Y digo que no es de extrañar pues toda esta zona ha dado para la literatura a autores bastante peculiares como los ya mencionados, y solo para agregar unos cuantos más y nos quede el panorama más claro recordemos a Edward Gorey, Edgar Allan Poe, entre otros.
Congress St. , Portland, Maine. En la actualidad. Ah no, hace unos 100 años
Pero volvamos a King. En estos días y gracias a mi buen amigo Jordi, pude leer On writing, un libro sobre el arte de escribir de King publicado en el 2000. El escrito en cuestión tiene dos partes. La primera titulada C.V. que es una suerte de autobiografía que el autor narra de una manera sencilla pero no escasa de magia. King procura darnos algunos datos y anécdotas que lo formaron como escritor. Para él, uno no se convierte en escritor sólo porque lo desea: si no naces con el talento no hay mucho que hacer, y si eres bueno puedes ser mejor con práctica. Mucha práctica. De eso trata la primera parte, de aquellas experiencias personales en las que las curiosidades del joven King lo fueron acercando a la escritura. La segunda parte “On writing” nos devela sus ideas sobre cómo un escritor escribe lo que escribe. De lo que se trata finalmente, dice King, es de telepatía. Es decir de la habilidad para crear una buena y convincente historia no sólo para quien escribe, sino para quien lee.

Ameno y divertido, King repasa por varios de los elementos de la escritura y nos revela algunas de las historias detrás de sus libros. Particularmente, me llamó mucho la atención cómo empezó a escribir “Carrie”, su primer bestseller, el libro que lo lanzó a la fama. King cuenta cómo un día recordó la vez que limpiando baños de un colegio, le llamó la atención la diferencia entre los baños de hombres y de mujeres: en los baños de mujeres había una máquina para las toallas higiénicas, así como las duchas tenían cortinas de baño para la privacidad. Con el tiempo, ese dato se transformó en el primer capítulo de Carrie. La joven White se da cuenta de que sangra en las duchas del colegio frente a las demás chicas que empiezan a reírse de ella. Carrie no tiene la más mínima idea de lo que le está pasando.

El otro hecho en el que se inspiró fue en la vida de dos chicas que conoció durante su juventud. Una de ellas vivía con su madre en un trailer. Pálida, delgada, parecía no tener voz en ese colegio. En el centro de su casa, una figura tortuosa de un cristo sacrificado observaba toda la habitación. Para King, esa fue la imagen que fue completando el ambiente familiar de la joven Carrie White: una chica bajo la fuerte mirada de un Cristo agonizante y de una madre autoritaria. La otra chica era una niña que, nadie sabe bien por qué, siempre usaba el mismo vestido negro, con las medias grises, y la blusa larga sin mangas. La misma ropa, todos los días en el colegio. De esa manera, la pobre chica fue convertida en el centro de burla de todos los demás, especialmente aquel día que se atrevió a cambiar de ropa y fue objeto de crueles bromas por otras chicas de su edad. Como dice King, ella era el centro porque era lo que las demás más temían. Ambas chicas están en la actualidad muertas (una por epilepsia, la segunda por suicidarse), lamenta el escritor como quien descubre una verdad que la literatura desentraña inconcientemente.
Niños yendo a la escuela en Hallowell, Maine (S. XIX)

Muchas de las historias de King se centran en Maine, en este estado donde al estar casi deshabitado, cualquier cosa puede aparecer, como por ejemplo vampiros (Salem’s Lot), una niña con poderes telekinéticos (Carrie), un cementerio que revive a los muertos para que uno no los extrañe tanto (Cementerio de Animales), unos objetos no identificados que andan por los bosques de un pueblito (The Tommyknockers), un condenado a muerte con poderes muy especiales (The Green Mile), una comunidad atrapada en un supermercado mientras una extraña niebla lo cubre todo (The Mist, no confundir con The Fog de John Carpenter).
Así mismo, estas historias y más han sido llevadas al cine con diferentes resultados: Carrie por Brian de Palma se convirtió en una de las películas de terror más importantes en los setentas, El resplandor por Stanley Kubrick nos dio una de las mejores interpretaciones de Jack Nicholson (aparte de no quererse ir a trabajar a ningún hotel en invierno), Miseria (con la amable Kathie Bates en el papel de la fan Annie Wilkes, enamorada de su escritor favorito Paul Sheldon, interpretado por James Caan) y por Stand by Me Rob Reiner, y The Shawshank Redemption por Tim Robbins.
Caminando entre la ficción y la realidad (y sabiendo que ambas no existen y son solo convenciones), Stephen King nos ha dado muy buenas historias a las que el cine ha sabido darles rostros, frases, acciones, locaciones y, finalmente, … (complete ud. con la palabra(s) que mejor le(s) parezca(n)).
Aquí unos ejemplos:
Y una de los mejores en una fiesta de promoción: Carrie
Recomendación: fíjese en las dos tomas paralelas para crear la relación entre la furia de la ensangrentada Carrie y los jóvenes siendo presa de su venganza.

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